Una mirada a las profundidades de la información; un viaje a lo poco conocido de los medios de comunicación; las noticias más relevantes.

Friday, July 28, 2006

México no está dividido

¿Cuál polarización?

José G. Muñoz García

La polarización que los medios electrónicos nos venden –de un lado, los que exigen el voto-por-voto-casilla-por-casilla y del otro, los que defienden “la paz”— es más falsa que la pureza democrática de Estados Unidos, pues de ser así, habría al menos 21 millones de cada lado y lo que tenemos son unos cinco o seis millones de personas adictas a un Mesías (Krauze dixit) dispuestas a inmolar a todo hereje que se atreva a dudar del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, el pasado 2 de julio.

Ciertos microuniversos acusan la división; los podemos apreciar en el seno de algunas familias que habitan la capital de la República la mitad cree que un millón de funcionarios de casilla se confabularon o fueron comprados por los perversos consejeros del IFE, junto con otros de “arriba”, para perpetrar el megafraude con el que se pretende arrebatar el triunfo al Rayo de esperanza.

La otra mitad se muestra incrédula ante esta especie de hipnosis colectiva que provoca insólitas actitudes de catarsis multitudinaria, que incluye la instalación de cientos de pequeños Santos Oficios que acusan y sentencian a la hoguera en juicios sumarísimos a los herejes que no votaron por El Salvador de Macuspana.

El país no está dividido –polarizado, dicen los intelectuales— entre buenos y malos. La vida en esta capital sigue su curso normal. Lo vemos en las oficinas, las fábricas, las calles, los super; en las modernas salas de cine se consumen sin más reflexión lo mismo las aguas negras del imperialismo que las tradicionales palomitas de maíz; entran sin problemas los de tez morena que los de piel blanca; nadie les pide como requisito moños blancos ni tricolores. Jamás preguntan por quién votó.

En las calles de la capital se ve gente que se transporta a su trabajo; a vendedores ambulantes que ofrecen sus mercancías piratas a pecho y despecho de cualquier autoridad. La clase media satura los restaurantes de Polanco, Zona Rosa, Insurgentes y Reforma; los diableros de La Merced engullen seis tacos de nana, cuatro de surtida y dos de maciza.

Las chicas de la vida galante lucen sus nada discretas minifaldas en Súllivan, Insurgentes, Calzada de Tlalpan o La Merced y no se nota que riñan o estén polarizadas.

Los franeleros tiran a mansalva el chorro de agua sucia sobre los parabrisas de los autos en cada esquina que tenga semáforo, para ganarse pa un taco; en las oficinas de gobierno los burócratas se solazan en decir que no se puede hacer el trámite que pide el ciudadano ingenuo.

Los hospitales del IMSS, ISSTE y la Secretaría de Salud, registran filas descomunales para informarle a cada paciente, luego de tres horas de espera, que no hay la medicina en bodega; que puede volver dentro de tres meses. Del megafraude no se acuerdan ni las enfermeras ni los doctores, que engullen tortas y refrescos mientras el respetable se resigna.

Los policías diurnos y nocturnos salen a la caza de infractores para completar el entre y pa’ los zapatos de los chavos

Los intelectuales “de izquierda” azuzan a la masa a “defender el voto de los mexicanos” ¿Los 105 millones que somos? ¿Los 71 millones que estamos en el padrón? ¿Los 42 millones que votamos? Los guías no especifican y los mesías se regodean con su obra de siembra de confusión. La derrota afectó su buen juicio, pues no recuerdan que los votos emitidos por el tabasqueño apenas alcanzan los 15 millones y ese número no significa en forma alguna ni el pueblo ni los mexicanos.

Rumian el fracaso, pero no lo digieren. No se atreven. El poder se les escapa de las manos. Impensable. El Enviado de Dios sacaba 40 puntos de ventaja hace un año, con el escándalo del desafuero, a su más cercano competidor, Roberto Madrazo.

Las leyes, dicen, las hicieron los de arriba para derrotar a los de abajo. Los tribunales forman parte del gran complot contra el Mesías de Macuspana. Ninguna autoridad es confiable. El país se puede incendiar. El pueblo no es tonto. Estre pregón de odio quiere que en México sólo haya buenos y malos. Los buenos, obvio, votaron por López Obrador, los malos, Por Felipe Calderón.

Gozan destruyendo la invectiva. Crean carteles artísticos en los que hacen trizas su imaginación, cuando repiten la cantaleta del voto por voto… etc. Dinamitan el buen juicio.

Y en el trono de la desesperación, El Salvador. El sabe de movilizaciones. Está en su elemento. Ha vivido de marchas y bloqueos. Le produjeron buenos dividendos, como los que recibía de manos de Manuel Camacho, cuando éste era regente.

En el Zócalo, el sumo sacerdote del fracaso alza la voz de la derrota, que los súbditos escuchan como la del triunfo. La de la Esperanza.

Allí, se exorciza a los demonios de arriba. Uno o dos millones de fieles serán redimidos con la promesa que el fraude no pasará.

Y en las calles, las fábricas, las oficinas, los hospitales, la vida continua. México no está en guerra, como quisieran algunos.

Tuesday, July 25, 2006

El poder de la palabra

José G. Muñoz García

La palabra destruye o enaltece. Envilece o eleva a la excelsitud. Una mentira la convierte en verdad o una legitimidad la transforma en falsedad. Puede conducir a un pueblo hacia estadios de progreso o rumbo al barranco.

Lo saben los poetas dolidos que le infligen a la mujer el sello de inferior (…más recuerda que yo soy un hombre y un hombre no pierde lo que una mujer) o de torpe (mujer manejando, peligro rodando) o de grande (detrás de un gran hombre hay una gran mujer) y con esos estereotipos se quedan las mentes poco reflexivas que han creído en la contundencia de ciertos moldes con los que crecimos (Los hombres no lloran, etc).

Los publicistas dominan el impacto de las contundencias: No se deje engañar. Nadie vende más barato que Electra. En cada anuncio nos afirman que sus marcas son lo mejor que hay en el mercado. Mensajes de fabricantes de detergentes; tiendas departamentales, perfumes y hasta elixires maravillosos que prometen muchos orgasmos al instante, son emitidos con enfermiza frecuencia hasta hacer repetir a millones de ciudadanos sus estribillos. En las reuniones sociales se escucha como los comensales exhiben con orgullo las marcas de sus camisas, sus autos, sus relojes, porque ésas son prueba de “triunfo” o prestigio. ¿Quién no quisiera un Rolex o un Porsche?

Pero también lo saben los políticos y lo aprovechan: Los pobres siempre han sufrido la explotación de los de arriba; el gobierno es corrupto; la izquierda defiende a los desposeídos y la derecha está a favor de los ricos; el pueblo debe tomar parte de las grandes decisiones de la administración pública; llegó la hora en que a los pobres les vaya mejor. Y también en sentido contrario: Andrés Manuel es un peligro para México; el PRD es violento; México quiere vivir en paz; la izquierda pretende endeudar al país y provocar otra crisis, que te puede hacer perder tu empleo y tu casa.

A finales de los años 40 pasé mi niñez y parte de mi adolescencia creyendo que en China (comunista) mataban a los niños para hacer la famosa tinta china.
México, su gente, los ciudadanos, al igual que los de otras naciones, es víctima del engaño de la contundencia de la palabra.

Los medios no viven del escándalo solamente, sino, en el caso de los medios mexicanos, con sus honrosas excepciones, el aquelarre, que no existe lo inventan. O lo estimulan. O lo magnifican. La información la transforman en promoción, pero no de su clientela, sino de ellos mismos. Una declaración que puede ser un desvarío, es puesto en las entradas de los noticiarios de radio o televisión, o bien, en las primeras páginas de los periódicos diraios , porque eso provocará la respuesta obligada (y en el mejor de los casos, pagada) de la contraparte.


Si se entra a la red de redes y se escribe en el buscador Google la frase el poder de la palabra, aparecen 13 millones 400 mil entradas con esa referencia y de todas, escogí una, que se refiere a Hsien-Sheng Liang y sirve para comprender el efecto que puede causar en la mente una palabra:

“Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Las ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

“Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió; Ella se desplomó y murió.

“La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con mas fuerza hasta que finalmente salió del hoyo.

“Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: "¿No escuchaste lo que te decíamos?" La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir del hoyo.

“Esta historia contiene dos lecciones: La lengua tiene poder de vida y muerte.


Una palabra puede ayudar a levantarte o destruirte.Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobretodo con lo que escuchamos”.

La palabra “es”, es mágica (la derecha “es” protectora de los delincuentes de cuello blanco; la izquierda “es” promotora de invasiones). Pero es magia que produce dividendos. La izquierda “es” violenta y promueve las turbas enardecidas que linchan inocentes e invaden propiedades.


“Es” implica lo permanente; inmutable, eterno. Heráclito de Efeso dijo hace 2350 años: Nada permanece; lo único permanente es el cambio. Nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas.

Aristóteles sentenció: Nada es y no es. Y gracias a eso unos 15 millones de mexicanos se han tragado el cuento del pregón del fraude en el conteo de votos que realizaron un millón de ciudadanos sin partido que participaron como funcionarios de casillas en el reciente proceso electoral. Se grita ante los medios. No ante los tribunales.

Esa es una perversa utilización del poder de la palabra.

Tuesday, July 18, 2006

Desde el embeleso hasta el pavor

Del éxtasis al horror

José G. Muñoz García

La concentración de cerca de un millón de personas en el centro de la ciudad de México el pasado 16 de julio a la que convocó el candidato que menos votos obtuvo en la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador, deja ver que algunos periódicos no son todo lo informativos que pregonan, sino que actúan como instrumentos de propaganda.

Aunque la forma es sutil, el fondo es punzante, sin tapujos. Es justo aclarar que no todos los periódicos diarios pueden ser encuadrados en propagandistas de uno u otro bando.

Vemos que El Universal le da a una frase de López Obrador la importancia suma hasta convertirse en la noticia principal: AMLO: en riesgo, la paz social, dice su encabezado principal, como si las palabras de AMLO fueran proféticas o de un actor neutral. Aquí puede establecerse una analogía con los secuestraron al banquero Alfredo Harp Helú, primo de Carlos Slim, cuando culpaban a los parientes que se negaban a dar “menos de 50 millones de dólares” si Harp Helú era asesinado.

La de El Universal es una objetividad aparente, si consideramos que López Obrador es quien está condicionando esa paz social a que las instituciones encargadas de la última etapa del proceso electoral se ciñan a sus peticiones, aún cuando no cumpla con los requisitos que exige la norma.

Y luego, otra nota, cabeceada en el mismo sentido, da cuenta que los editores se inclinan a enfocar la información más por frases que por hechos o por la síntesis de los mismos:

Somos millones dispuestos a hacer valer nuestros derechos, asegura

Y luego, el primer párrafo da cuenta de un fragmento del discurso del tabasqueño:

“Andrés Manuel López Obrador llamó a sus seguidores a iniciar acciones de resistencia civil pacífica, sin precisar en qué consistirán, y advirtió que de no hacerse el conteo voto por voto, no habrá paz social ni estabilidad política, económica y financiera en el país”.

Milenio, el diario que forma parte de un grupo editorial muy poderoso, que abarca medios impresos, estaciones de radio y televisión en México y España, asociado con Grupo Prisa, editor del diario El País (España), que donó a la campaña de Andrés Manuel López Obrador a un personaje polémico, pero fuerte, por los contactos que tiene en el mundo de los negocios, Federico Arreola, cabecea su nota principal en el mismo sentido de El Universal:

La estabilidad de México está en riesgo, advierte AMLO
Y luego, la cereza del pastel: Llama a la resistencia civil pacífica.

Un llamado a la resistencia civil, ya es un hecho faccioso, si entendemos que todo ciudadano está obligado a respetar las leyes y cuando se declara en rebeldía, está obligado a explicar cuál precepto legal es injusto o violenta sus derechos como individuo.

Dice Norberto Bobbio, en Diccionario de política, editorial Siglo XXI editores (2005), página 477, que “para comprender que es lo que se entiende por desobediencia (o resistencia) civil es preciso partir de que el deber fundamental de cada persona sujeta a un ordenamiento jurídico es el deber de obedecer las leyes. Este deber se llama obligación política… La desobediencia civil se hace con el fin inmediato de demostrar lo injusto de una ley y con el fin mediato de inducir al legislador a cambiarla” .

Vemos, pues que ni Milenio ni El Universal se molestan en explicar qué persigue López Obrador al arengar a esta “desobediencia”, si el cambio de una ley injusta o que los magistrados del tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación interpreten la ley conforme a la personal voluntad de López Obrador.

Una pespectiva diferente de lo que aconteció en el Zócalo capitalino el pasado 16 de julio nos lo ofrece el diario La Crisis, que dirige el otrora influyente columnista Carlos Ramírez, al poner como cabeza principal: Ordena AMLO sitiar los 300 distritos electorales. Que aunque no se apega a la ortodoxia del discurso lopezobradorista, porque no fue una “orden” ni tampoco pidió “sitiar”, sí se acerca a los hechos por venir, pues en el plantón que podrán realizar los militantes del partido del sol azteca se puede prever sin caer en pronósticos catastrofistas que habrá provocación y agresiones, como ya ocurrió, tanto a los inmuebles sede del IFE como a los funcionarios, quienes ya tienen el sello de delincuentes, gracias a la magia comunicacional de AMLO cuyos partidarios, por cierto, jamás presentaron una sola denuncia de delito electoral alguno ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos electorales, cuya titular es maría de los Ángeles Fromow.

Y el primer párrafo de su información lleva la técnica de la interpretación, a diferencia de El Universal y Milenio, que elaboran sus notas con el clásico y rancio “dijo”:

“México entró a la tercera semana de conflicto poselectoral con nuevos llamamientos del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador a sus seguidores, esta vez para radicalizar las presiones a las autoridades electorales mediante medidas de rebelión “civil pacífica” que conduzcan al recuento manual de cada voto de la elección del 2 de julio, que a su juicio es lo único que permitiría constatar que ganó la Presidencia”, dice La Crisis..

Un periódico que apenas tiene seis meses en el mercado de medios, Diario La Razón, ofrece una versión fresca, contrastante, de los tres anteriores periódicos. Su cabeza principal es: Amenaza AMLO a Calderón si no acepta voto por voto, que también se encuadra en la técnica de la interpretación.

Y una glosa global de la información de estos cuatro medios nos daría una frase más o menos así: los medios mostraron desde el embeleso hasta el pavor.

Esta polarización de cuatro medios, al menos, demuestra que no todos forman parte del complot contra AMLO

Email:
josegmunoz@yahoo.com