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Tuesday, July 25, 2006

El poder de la palabra

José G. Muñoz García

La palabra destruye o enaltece. Envilece o eleva a la excelsitud. Una mentira la convierte en verdad o una legitimidad la transforma en falsedad. Puede conducir a un pueblo hacia estadios de progreso o rumbo al barranco.

Lo saben los poetas dolidos que le infligen a la mujer el sello de inferior (…más recuerda que yo soy un hombre y un hombre no pierde lo que una mujer) o de torpe (mujer manejando, peligro rodando) o de grande (detrás de un gran hombre hay una gran mujer) y con esos estereotipos se quedan las mentes poco reflexivas que han creído en la contundencia de ciertos moldes con los que crecimos (Los hombres no lloran, etc).

Los publicistas dominan el impacto de las contundencias: No se deje engañar. Nadie vende más barato que Electra. En cada anuncio nos afirman que sus marcas son lo mejor que hay en el mercado. Mensajes de fabricantes de detergentes; tiendas departamentales, perfumes y hasta elixires maravillosos que prometen muchos orgasmos al instante, son emitidos con enfermiza frecuencia hasta hacer repetir a millones de ciudadanos sus estribillos. En las reuniones sociales se escucha como los comensales exhiben con orgullo las marcas de sus camisas, sus autos, sus relojes, porque ésas son prueba de “triunfo” o prestigio. ¿Quién no quisiera un Rolex o un Porsche?

Pero también lo saben los políticos y lo aprovechan: Los pobres siempre han sufrido la explotación de los de arriba; el gobierno es corrupto; la izquierda defiende a los desposeídos y la derecha está a favor de los ricos; el pueblo debe tomar parte de las grandes decisiones de la administración pública; llegó la hora en que a los pobres les vaya mejor. Y también en sentido contrario: Andrés Manuel es un peligro para México; el PRD es violento; México quiere vivir en paz; la izquierda pretende endeudar al país y provocar otra crisis, que te puede hacer perder tu empleo y tu casa.

A finales de los años 40 pasé mi niñez y parte de mi adolescencia creyendo que en China (comunista) mataban a los niños para hacer la famosa tinta china.
México, su gente, los ciudadanos, al igual que los de otras naciones, es víctima del engaño de la contundencia de la palabra.

Los medios no viven del escándalo solamente, sino, en el caso de los medios mexicanos, con sus honrosas excepciones, el aquelarre, que no existe lo inventan. O lo estimulan. O lo magnifican. La información la transforman en promoción, pero no de su clientela, sino de ellos mismos. Una declaración que puede ser un desvarío, es puesto en las entradas de los noticiarios de radio o televisión, o bien, en las primeras páginas de los periódicos diraios , porque eso provocará la respuesta obligada (y en el mejor de los casos, pagada) de la contraparte.


Si se entra a la red de redes y se escribe en el buscador Google la frase el poder de la palabra, aparecen 13 millones 400 mil entradas con esa referencia y de todas, escogí una, que se refiere a Hsien-Sheng Liang y sirve para comprender el efecto que puede causar en la mente una palabra:

“Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Las ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuan hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

“Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió; Ella se desplomó y murió.

“La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con mas fuerza hasta que finalmente salió del hoyo.

“Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: "¿No escuchaste lo que te decíamos?" La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir del hoyo.

“Esta historia contiene dos lecciones: La lengua tiene poder de vida y muerte.


Una palabra puede ayudar a levantarte o destruirte.Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobretodo con lo que escuchamos”.

La palabra “es”, es mágica (la derecha “es” protectora de los delincuentes de cuello blanco; la izquierda “es” promotora de invasiones). Pero es magia que produce dividendos. La izquierda “es” violenta y promueve las turbas enardecidas que linchan inocentes e invaden propiedades.


“Es” implica lo permanente; inmutable, eterno. Heráclito de Efeso dijo hace 2350 años: Nada permanece; lo único permanente es el cambio. Nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas.

Aristóteles sentenció: Nada es y no es. Y gracias a eso unos 15 millones de mexicanos se han tragado el cuento del pregón del fraude en el conteo de votos que realizaron un millón de ciudadanos sin partido que participaron como funcionarios de casillas en el reciente proceso electoral. Se grita ante los medios. No ante los tribunales.

Esa es una perversa utilización del poder de la palabra.

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